La docencia practicada a lo largo de 23 años de servicio ante grupo, me ha permitido entender que representa una forma de servir a la sociedad y de contribuir en su mejoramiento. Aunque tiene algo de incomprensión por la misma sociedad, porque solo exige a la escuela que sea ella quien promueva el desarrollo de los pueblos, pero esta meta solo se cumple cuando participa; la familia, el Estado y las demás instituciones.
Hasta este momento me siento tranquilo por lo que he realizado, creo haber contribuido en formar a muchos profesionistas, pero sobre todo a personas de bien. La docencia más que una actividad es un servicio social, una forma de perfeccionar al individuo, de conocer y visualizar a la sociedad que queremos tener y la manera en que podemos intervenir. Implica además un conocimiento de teorías de aprendizaje, de modelos educativos, aunque el impacto real de estos elementos radica en buscar los medios y recursos para adaptarlos a las condiciones sociales, económicas e ideológicas de la misma.
Por lo que he vivido en mi práctica docente, percibo una ruptura entre las propuestas de las reformas educativas en relación a planeación, estrategias metodológicas, infraestructura, capacitación del personal docente (desde 1973 hasta 2009) y las condiciones del país, de ahí que la calidad educativa va en detrimento. Cada vez se observan mayores deficiencias en los egresados para responder a los problemas reales del país, es notoria también la ausencia de valores en los alumnos de todos los niveles educativos. Trato de fomentar en mis alumnos la puntualidad, el respeto y la responsabilidad, pero encuentro limitantes en mi escuela porque no todos los compañeros docentes vamos por lo mismo. Algunos no exigen puntualidad, permiten comer en el aula, así como el uso del celular en la misma (lo que provoca distracciones).
En mi práctica docente encuentro frustraciones y desaliento debido a la falta de planeación y organización de “las jornadas de actualización”; así con comillas, porque en esos cuatro días que se destinan para ello, se hace todo menos “actualizarnos” y tenemos que iniciar los cursos con varias incertidumbres. Aún con todo eso me veo como un docente que quiere contribuir con su país para mejorar esto y dejar una huella positiva, que me recuerden como un maestro estricto pero el cual les despertó el interés por ser mejores.
viernes, 22 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
¡Buenos días Alfredo!
ResponderEliminarTe felicito, me gusto la idea de percibir a la docencia como un servicio social Además también mencionas algo muy importante, el sistema educativo debería ser incluyente, es decir permitirle a todos los involucrados en la educación (docentes, alumnos, padres de familia, directivos, gobernantes, etc.) participar activamente en la construcción de planes y programas.
Saludos.
Saludos.
Hola Alfredo.
ResponderEliminarNuestra forma de pensar es similar, ya que encuentro grandes coincidencias, una de estas es el gusto por formar personas de bien, y no que lo hagamos por obligación o por que percibimos un salario, sino porque estamos comprometidos con nuestra labor y deseamos ayudar a desarrollar todas las capacidades de nuestros alumnos para que el día de mañana se desarrollen satisfactoriamente en la sociedad.
Algo que me ha llamado la atención es que siempre nos quejamos de las actitudes de los demás, eso no debe de importar, ya que ese no es el problema y nos debe de importar que es lo que yo hago y si es lo correcto.
LA mayoría de las veces dejamos huelas en nuestros alumnos, y de antemano es el profesor exigente, regañón, rígido ya que con el transcurso de los años saben lo que de estos obtuvieron para su desarrollo personal y tal vez para el profesional si avanzan hasta el siguiente nivel.
Saludos
Lalo EScontrías